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Estos últimos días hemos conocido a través de los medios de comunicación la apertura del primer prostíbulo de Sexy Dolls en Europa y como habréis visto se encuentra en Barcelona. Ahora bien, de qué se trata todo esto? Las sexy dolls o muñecas sexuales son figuras bastante realistas, su parecido a una mujer real es inquietante. Este fenómeno se originó en Japón con las Datch Waifu (Esposas holandesas), allí el mundo de las sexy dolls ha tenido un crecimiento abismal en los últimos años, siendo el mayor productor de este tipo de muñecas en los últimos 10 años.

Estas muñecas están elaboradas con látex, vinilo y silicona, poseen un esqueleto metálico, articulaciones y cuentan incluso con cabello natural. Son fabricadas según las especificaciones del cliente, son personalizadas por lo tanto no existen dos iguales, el cliente especifica la estatura, medidas de senos, cintura, cadera, color de piel, tipo de trasero, expresión del rostro, color de cabello y edad que debe aparentar. Algunos modelos incluyen voz y sensores de movimiento, con respuestas preestablecidas para todo tipo de situaciones, olvídate de la espontaneidad, ella estará programada y siempre responderá de la misma forma ante las mismas situaciones. El cliente también puede comprar ropa, pelucas, maquillaje y toda clase de accesorios para su muñeca.

¿Por qué las compran los hombres?

Muchos argumentan que el hecho de que no hablen y que puedan satisfacer cualquier fantasía con ellas les es suficiente para comprar una de estas muñecas, otros indican que lo hacen para evitar ETS’s.

Consecuencias negativas de usar sexy dolls

Como consecuencia de todo este mundo de las sexy dolls, la sociedad japonesa ha visto como muchos compatriotas han caído en un proceso de deshumanización de las relaciones personales, consecuencia directa del apogeo tecnológico. Un gran número de hombres japoneses prefieren utilizar juguetes sexuales antes que recurrir a una mujer de carne y hueso, allí radica la popularidad de este negocio. Algunos estudios afirman que este fenómeno es consecuencia del ambiente laboral nipón, que que conlleva a una vida bastante estresante donde el contacto con otros seres humanos es prácticamente nulo para algunos.

Muchos hombres pierden su capacidad de interactuar con sus esposas como consecuencia de la falta de tiempo para convivir con sus familias y aunque la prostitución es un servicio bastante cotidiano en este país, muchos hombres no cuentan con el dinero para pagarlo, una sexy doll puede llegar a costar 6.000 euros.

Por otro lado en Japón se presentan diversos trastornos de conducta como por ejemplo los hikikomori, personas con un trastorno de comportamiento que los lleva a abandonar la vida social y buscan el aislamiento, también está el caso de los Ni-Ni extremos, NEET (Not in employment, education or training), individuos retraídos y asociales que pasan sus días sin realizar ningún tipo de actividad.

Así vemos como el principal motor de esta industria es el abismo en las relaciones humanas y ritmos de vida acelerados.

Quienes venden estas muñecas o sus servicios sexuales aseguran que con ellas podrás cumplir tus fantasías sin limites y garantizan una experiencia totalmente realista puesto que las muñecas cuentas con los mismos orificios que una mujer (boca, vagina y ano).

Entendemos el morbo que puede causar este boom de las muñecas sexuales pero ¿Realmente cambiarías una experiencia con una mujer de carne y hueso por un encuentro sexual con una de estas muñecas?

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