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Carta para mi musa del sexo

Hola Princesa,

Te escribo porque llevo días soñando contigo. Creo que desde que te conocí por primera vez dejaste una huella en mi. Ahora miro tus fotos -¡míralas aquí!-, esas fotos que hiciste un día sintiéndote la más bella y sexy de todas. Esas que me mandaste para que me hiciera una idea de quién eres.


Recuerdo nuestra primera vez. Quedamos en aquel restaurante donde siempre suceden grandes cosas. Los dos nos teníamos ganas. Ganas de descubrirnos, de conectar y sobre todo, de disfrutar. Recuerdo que llevé esa camisa a rayas que tanto me gusta. Y mi mejor colonia. Salía del trabajo, pero ese día tenía una gran ilusión. La ilusión de, por fin, conocerte.

Eras tan bella como en las fotos…

No, no es cierto. Eras todavía más bella, preciosa, como un ángel. Tu sonrisa me iluminó inmediatamente, sentí un escalofrío. Algo me decía que funcionaría.

No era como las otras veces, no. Había una gran diferencia.

La verdad es que estaba harto de esas aplicaciones para ligar, siempre terminaba decepcionado. Esta vez tenía más claro que nunca lo que quería, lo que necesitaba. Por eso te escribí.

Inteligente, amable, cariñosa, sensual…

Por eso te elegí a ti.

Creo que muchas veces he fallado por conformarme. Y otras tantas por obsesionarme con que funcionase, cuando estaba claro que no. Pero esta vez era tan distinto… Una magia especial envolvía el momento, me sentí cómodo desde el principio. Tu supiste hacerme sentir así.

¿Recuerdas nuestra primera vez?

Cuando llegamos al hotel tus ojos eran de fuego y tus manos, aún heladas, empezaron a recorrer mi espalda y esa camisa de rayas que no tardaste en desabrochar.

Tus labios, traviesos, jugaban con mi cuello mientras ibas desabrochando cada botón. Lo hacías lentamente, como si el tiempo ya no existiera, como si el deseo se hubiera apoderado de nosotros y fluyera por cada poro de nuestra piel.

Desabroché tu blusa y acaricié tus brazos, tu pecho, tu cintura…

Eres tan bella… mucho más de lo que jamás había visto.

Te movías a mi compás y yo al tuyo, habíamos conectado a un nivel que desconocía. Pero lo que estaba por llegar aún fue más increíble. Jamás había sentido un placer semejante a ese.

Solo tú sabes bien lo que pasó y solo tú serías capaz de hacerme sentir lo mismo de nuevo. Por eso ahora no hay día que no piense en ello. Eres la mujer con la que siempre había soñado, esa mujer salvaje y dulce a la vez, intensa, sensual, irresistible.

Te enviaría mil cartas como esta, te llevaría al cielo de nuevo.

Recuperaría ese instante en que, de regreso hacia tu casa, me dijiste todo lo que te había hecho sentir, lo a gusto que habíamos estado en la cena, lo bonito que sería repetirlo de nuevo.

Estoy seguro que pronto volveremos a vernos y que será, por lo menos, igual de mágico. Pero sé que el primer paso lo daré yo, siempre lo daré yo. Es tu elección y también la mía. Está bien así, es justo lo que queremos el uno del otro. Te quiero cuando yo quiero; y cuando no quiero, simplemente te pienso. Sin malentendidos, sin compromisos, sin nada que esconder ni que justificar ante el otro.

Nadie entendió mejor que tú lo que necesito. Y por eso tú eres mi elección, mi musa y mi mayor deseo.

Te llamaré pronto, princesa.


Visita a nuestras musas del sexo, alguna de ellas puede ser la tuya, esa que te hará rendirte a sus pies y llegar al cielo. Si no te decides o es tu primera vez, te recomiendo a Mar.


 

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