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La infidelidad de mi amigo convertida en relato erótico

El otro día quedé con un buen amigo mío y después de un par de copas me confesó algo que le había ocurrido en un viaje de empresa. Me impactó tanto que le pedí si podía escribirlo en el blog. Así lo he hecho y he convertido su experiencia en un relato erótico que espero que os guste tanto como a mí.

Una propuesta inesperada

“Hace dos semanas mi jefe me pidió que fuera a su despacho. Pensé que quería revisar los informes, así que los imprimí y me presenté delante de su puerta. Pero él sacó otro tema. Me dijo que iban a abrir una nueva sucursal en Bilbao y que había pensado en mí para ir a hacer la formación a los nuevos empleados. Bueno, en mí y en mi compañera Susana, una mujer muy atractiva con quien siempre hemos tenido una relación cordial.”

La formación duraría tres días y me hizo una propuesta económica muy interesante por realizar ese proyecto. Le pedí si podía darle una respuesta definitiva al día siguiente, ya que quería consultarlo con mi esposa.

Por la noche hablé con mi mujer

“Le conté lo del viaje, pero no me atreví a decirle que Susana también iría conmigo a realizar la formación. Mi esposa sabe perfectamente que soy un hombre caliente e impulsivo, así que preferí no preocuparla. Yo no tenía intención de acostarme con Susana, así que no era necesario preocuparla sin motivo”.

Mi mujer me dijo que me echaría mucho de menos pero que era una oportunidad que no podía dejar escapar. Así que al día siguiente acepté la propuesta y dejé de lado los aburridos informes para preparar la formación. Me reuní con Susana y hicimos la planificación, ya que al día siguiente tocaba partir hacia Bilbao.

La noche antes del viaje

Yo seguía convencido de que no ocurriría nada durante el viaje. No quería serle infiel a mi esposa. Ya lo fui un par de veces durante nuestro noviazgo pero me prometí a mi mismo que una vez casados, jamás volvería a hacerlo. Sin embargo, mientras preparábamos la formación sentía que me quedaba prendido con su fragancia:

“Era muy sensual, igual que sus labios rojos y la forma en que su blusa de seda caía suavemente sobre su pecho.”

La noche antes del viaje le hice el amor a mi esposa de una forma muy intensa. Le dije: “Cariño, este es el polvo de despedida… y ya estoy deseando volver para hacerte el polvo de bienvenida.” Fue un sexo muy placentero y pensé: “Bien, espero tener suficiente con esto para superar estos tres días sin ser infiel”.

Al día siguiente cogimos el avión

Llegamos directamente a las oficinas de Bilbao. Iniciamos la formación con los nuevos empleados y, al terminar, tanto Susana como yo nos sentíamos muy satisfechos de cómo había ido la jornada. Nos habíamos compenetrado perfectamente y nuestra complicidad hizo que todo fuera de maravilla.

Al llegar al hotel telefoné a mi esposa, le conté lo bien que había ido y que pronto cenaría y me iría a dormir, porque había sido un día largo y ajetreado. Como ella desconocía que Susana estaba también en el hotel, se quedó tranquila y quedamos en llamarnos al día siguiente.

Me dispuse a llenar la bañera

“La verdad es que el hotel estaba muy bien:  la bañera tenía un sistema yacuzzi que no podía esperar a probar. Cuando la bañera estuvo llena me desvestí, pero justo entonces oí que llamaban a la puerta. Me puse la toalla atada en la cintura y abrí”.

Era Susana, quien se quedó boquiabierta y se puso colorada: 

– Perdona, no sabía que ibas a la ducha. Te quería decir si te apetecía ir a tomar algo antes de la cena, pero no te preocupes, dúchate y luego si quieres vamos.

Me quedé pensativo…

La verdad es que no había pensado en bañarme con ella, pero de repente no podía pensar en otra cosa. Me empecé a sentir excitado y creo que se me notó, porque vi que ella desviaba la mirada hacia la toalla y se quedó con la boca entreabierta.

No lo dudé, y le dije:

-Te gustaría pasar? Tengo la bañera preparada pero no voy a tardar mucho. Luego si quieres vamos a tomar algo.

Ella aceptó, y pasó hacia la habitación, sentándose en una butaca roja que había al lado de la cama. Me dijo que me esperaría allí y que disfrutara del baño. Me metí en el agua, pero no podía dejar de pensar que Susana estaba en la habitación, y yo desnudo en esa bañera de agua caliente, con las burbujas cosquilleando en mi cuerpo.

Me empecé a poner muy caliente

“Mi mente me decía: Carlos, aguanta, recuerda tu promesa…, pero mi capacidad de razonar se iba apagando y otros pensamientos venían a mi. Me imaginaba a Susana entrando al baño desnuda y proponiéndome pasar un buen rato juntos. Cerré los ojos cuando, de repente, sentí que Susana llamaba a la puerta del baño.

Carlos, ¿como vas? ¿Esta rica el agua? Yo aún no he probado el jacuzzi. Estoy deseando probarlo.

Era una provocación en toda regla, una invitación a entrar.

No supe qué contestar. Con voz entrecortada me salió un:

-Sí, está muy rica. Tienes que probarla. –Y ella dijo:

-¿Probar… el qué?

Y abrió la puerta. Estaba en ropa interior de color rojo, mi favorita. Me quedé tan alucinado… Yo estaba haciendo esfuerzos por controlarme, pero eso ya era demasiado para mi. Su cuerpo era tan bello, y noté en su mirada un deseo tan intenso…

“La invité a entrar al agua, y ella me preguntó si estaba seguro. Así que me levanté para acercarla hacia mí y sin dudarlo le quité el sujetador. Ella se bajó las braguitas mientras miraba mi pene, tan duro y firme; y entró en la bañera con gran sensualidad. Empezamos a besarnos apasionadamente. Estuvimos jugueteando con las burbujas en nuestro cuerpo, con nuestras manos, con sus pechos, dándonos cada vez más placer… estábamos muy excitados.  Entonces la puse de espaldas a mí y empecé a penetrarla. La primera entrada fue suave, entró tan fácilmente… ella estaba deseosa de recibirme y gimió cuando me sintió dentro. La excitación llegó a un punto tan intenso que empecé a penetrarla con gran intensidad. Ella gritaba y yo no podía dejar de mirarla, botando encima mio, con sus pechos tan preciosos, su cintura afinada, sus caderas salvajes. Me corrí en sus pechos, y ella se extendió todo el semen por su cuerpo encendido, con una cara de placer que jamás olvidaré.

Después fuimos a cenar. Estábamos un poco cohibidos, pero la velada fue agradable y quedamos que a la mañana siguiente nos reuniríamos a las 8.00 para empezar con la siguiente fase de la formación. Esa noche apenas pude dormir pensando en lo sucedido. Se me volvía a poner dura recordando las escenas vividas y soñé con ella toda la noche.

La formación del día siguiente

La formación fue muy bien, incluso mejor que el día anterior. Nuestra compenetración era cada vez mayor y de vez en cuando se nos escapaba alguna sonrisa cómplice, algún roce de mi mano en sus muslos, alguna mirada intensa.

“Estuve muy caliente todo el día y cuando llegamos al hotel, no hizo falta decir nada. Ella vino a mi habitación de nuevo y repetimos lo del día anterior, esta vez también en la cama, en la butaca y en el escritorio. Ni siquiera llegamos a tiempo para la hora de la cena, estuvimos 3 o 4 horas sin parar, y nos quedamos dormidos juntos, exhaustos de tanto placer.

Se me olvidó llamar a mi esposa

Por la mañana vi que me había llamado unas 5 veces, así que mientras Susana se arreglaba, la telefoné un poco avergonzado, intentando simular alguna excusa.

Cariño, perdóname, se me olvidó el teléfono en la sala de formación y no pude llamarte. Además hicimos una cena con todos los nuevos empleados y cuando llegué al hotel ya era muy tarde, no quise despertarte.

El viaje terminaba…

“Ya no había hotel esa noche y yo pensé que era una lástima, porque estaba deseando un tercer encuentro con Susana. Ella debió pensar lo mismo, porque cuando llegamos al aeropuerto, como aún faltaban dos horas para que saliera el avión me invitó a entrar en el baño con ella”.

Me dijo:

-Carlos, sé que estás casado, pero no he querido sacar el tema estos días.  No te quiero dar problemas y cuando regresemos haré como si jamás hubiéramos estado juntos, no sufras por eso. Pero me pones tan caliente… y estos dos días han sido maravillosos. Me gustaría repetir una última vez. Me encanta como me lo haces y necesito sentirte una vez más dentro de mí. Te prometo que será la última.

Ni siquiera contesté

Ya me había convencido, así que entramos en el baño del aeropuerto cuando nadie pasaba por allí y la penetré de una forma muy salvaje. Le tapaba la boca para que no gritara, y ella me clavaba sus uñas en la espalda, tan fuerte que creí que me dejaría alguna herida.

“Fue un polvo rápido, pero de los más excitantes que jamás he vivido. Llegamos al orgasmo juntos y en este instante mi mano no fue suficiente para ocultar su gran gemido de placer. Creo que se debió oír desde fuera, pero ya nos daba igual. Nos quedamos abrazados unos instantes, sabiendo que ese era el fin de la historia, de una gran historia de sexo”.

A la llegada

Llegué a casa con un ramo de flores para mi mujer y le hice el amor de una forma salvaje. Ella se extrañó de tanta intensidad, pero quedó muy satisfecha y su enfado por mi descuido con el teléfono se le pasó inmediatamente.Yo, mientras le hacía el amor no dejaba de pensar en el gran placer que había sentido esa semana y en lo afortunado que era.


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