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La satisfacción sexual es uno de los mayores pilares en el ser humano. Como animales que somos (en el fondo), necesitamos cubrir nuestras necesidades y con un cierto grado de calidad y cantidad. Para ello, no basta con hacerlo, sino que tiene que ser mucho y bueno. Sin embargo, aunque lo lógico es disfrutar con el sexo, eso no siempre se consigue, y cuando las cosas van mal se puede convertir en un quebradero de cabeza.

En el camino a la satisfacción sexual nos podemos encontrar muchos obstáculos que hay que esquivar. Normalmente, se tiene idealizados los orgasmos, y suelen ser el objetivo principal del coito, sobre todo en los hombres. A veces esa obsesión por eyacular se vuelve en contra y es precisamente la razón por la que no se llega al orgasmo. Por eso, el sexo se ha de tomar como un medio para alcanzar el clímax, y que este no sea el fin en sí mismo. Para ello hay que crear las condiciones adecuadas y que todo el encuentro sea plancentero por sí mismo, independientemente de que se culmine con un orgasmo o no.

Las relaciones más asentadas son las que pueden caer en la rutina y entonces el sexo se convierte en algo secundario. Al fin y al cabo, el día a día puede ir consumiendo la llama de los primeros días, así que se debe hacer un ejercicio de comunicación en la pareja para resolver los posibles problemas sexuales. Para ello, hay que dedicarle un tiempo a las relaciones, conocerse no solo mutuamente sino también a uno mismo. Hay que tener en cuenta que los gustos en la cama no son universales, y lo que puede haber gustado a tu pareja anterior no excita lo más mínimo a la actual. Por eso hay que pararse un momento y hablar abiertamente, sin pelos en la lengua, sobre qué gusta en el sexo y qué no. A fin de cuentas, el objetivo es que ambas partes disfruten lo máximo posible.

Como comentábamos, la rutina es uno de los grandes enemigos de la satisfacción sexual. Por eso, hay que introducir factores que fomenten la novedad, y para eso no hay nada como ser creativos. A todo el mundo le gusta que le sorprendan positivamente, así que hay que tratar el sexo con naturalidad pero buscando siempre un poco de picante para animar las cosas.

Tampoco hay que sentirse culpables si las relaciones sexuales no son completamente plenas para ambas partes. Influyen muchos factores, y para gozar al máximo es importante sentirse en plenas condiciones físicas y mentales. Es obvio que aquellas personas que hacen ejercicio y se encuentran en plena forma, tendrán más facilidad a la hora de moverse y practicar posturas más arriesgadas. No hay nada peor que no poder disfrutar del sexo porque tu cuerpo no te lo permite. Y no subestimemos tampoco el poder de la mente. El cerebro es el órgano más potente del ser humano y si hay componentes que lo bloquean en su vida diaria, es bastante probable que también afecten al sexo. Por eso, el estrés, las preocupaciones o la falta de autoestima pueden ser condicionantes de cara a la satisfacción sexual; de ahí que haya que trabajar también en el aspecto mental para que todo esté de cara cuando nos encontremos ante el momento de disfrutar.

Una de las novedades que se pueden introducir es la de la pornografía, pero no de manera individual sino en pareja, para aprender cosas nuevas y ponerlas en práctica. Del mismo modo, se pueden incluir terceras personas para salir de la rutina, o incluso se pueden buscar fuera de la pareja si ambos están de acuerdo. Lo que sea para que cada encuentro sexual sea lo más satisfactorio. En realidad, nadie quiere acabar teniendo relaciones de manera mecánica y con el único objetivo de cumplir el expediente, ¿verdad?

Para que las relaciones sean completamente placenteras, habría que pasar por cuatro estadios:

  • Deseo. Hay que seducir a la otra persona y tratar de cautivarla para que exista un deseo carnal.
  • Excitación. Una vez existe la idea en la cabeza, hay que llevarla a la práctica y que suba la temperatura.
  • Orgasmo. Si las cosas se hacen bien y con ganas, el resultado debe ser el clímax.
  • Satisfacción. Una vez concluido el acto sexual, si todo ha salido bien, nos quedamos en un estado de tranquilidad absoluta tanto física como mental.

 

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