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El travestismo, práctica cuyos practicantes se visten, comportan y hablan como si pertenecieran al sexo contrario con el que nacieron, está común y erróneamente asociado a desviaciones sexuales, trastornos mentales o comportamientos inadecuados. A menudo, sin embargo, pertenece al ámbito festivo como algo esporádico o incluso único, y también al ámbito del dormitorio, en el que cada pareja o individuo es libre de hacer lo que quiera mientras no perjudique a nadie.

Los travestis pueden ser personas nacidas en un cuerpo que sienten que no les corresponde, lo que en los casos más extremos las puede llevar a pasar por el quirófano y someterse a una operación de reasignación de género, pero no siempre es así, ni es acertada la idea de que el travesti suele ser un hombre homosexual que “no sabe disimular”. Se dice que en la mayoría de los casos se trata de hombres heterosexuales que se excitan poniéndose prendas de mujer, y en la historia se han visto muchos casos de mujeres disfrazándose de hombres para optar a un destino mejor.

Travestismo en el cine

Sea como fuere, el travestismo o crossdressing existe desde hace incluso milenios y el mundo de la ficción no podía ignorarlo, dado que es algo presente en la sociedad y da para muchas y buenas historias. En el cine, por supuesto, hemos podido ver muchos casos, a veces como tema principal y otras veces como subtrama o característica de un personaje secundario.

Tenemos un ejemplo muy conocido en Psicósis, de 1960, donde el protagonista, Norman Bates, era un asesino que se ponía la ropa de su fallecida madre. Está también el caso de Lady Oscar, de 1979 y basado en un popular manga, donde la protagonista, Oscar François de Jarjayes, es educada como un chico para relevar a su padre como comandante de la Guardia Real de Francia.

En el musical de 1982 Victor Victoria, en el que Julie Andrews, la inolvidable Mary Poppins, interpreta a dos personajes de distinto sexo como parte de la trama. En el mismo año Dustin Hoffman se disfrazaría de mujer en Tootsie, y al siguiente llegaría una de las películas más famosas relacionadas con el travestismo, Yentl, en la que Barbar Streisand se hace pasar por un hombre para poder estudiar.

Grotesco y espeluznante es el caso del personaje de Jame Gumb, de El silencio de los corderos (1991), que asesinaba a mujeres para arrancarles la piel y hacerse un vestido con él. ¿Y quién no recuerda la divertida Señora Doubtfire (1993), en la que el tristemente fallecido Robin Williams se disfrazaba de niñera inglesa para estar cerca de sus hijos, cuya custodia había perdido en el divorcio?

Más serio y con el tema de la transexualidad de fondo tenemos, en 1997, Mi vida en rosa, en el que un niño insiste en que es una chica y lucha con su familia, que a su vez también lucha para aceptar la situación. Muy dramática también sería Boys don’t cry (1999), basada en hechos reales, en la que Hillary Swank ganaría su primer Oscar interpretando a Brandon Teena, un chico nacido en el cuerpo de una mujer y sufría el acoso de sus conocidos en la conservadora Nebraska.

Volveríamos al humor con Dos rubias de pelo en pecho, de 2003, en la que los hermanos Wayans se disfrazan de mujeres blancas como parte de su trabajo, pero los años siguientes nos deparaban historias dramáticas como la del personaje de Éponine en Los Miserables (2012), que se disfraza de hombre para poder tomar parte en la revolución en marcha, o el de Jared Leto en Dallas Buyers Club (2013). Y estos son solo algunas de las muchísimas películas en las que se habla de crossdressing.

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