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Muchos podrán pensar, leyendo el titular, que se está exagerando. Lamentamos decir que no es así: las personas adictas al sexo sufren bastante, y así lo comenta Karen Uribarri –periodista y sexóloga- en este artículo.

Ser adicto al sexo

Como cualquier otra adicción, como las drogas o el alcohol, cuando se es adicto al sexo podemos ver como nuestro entorno empieza a condicionarse. También es posible sentir culpa y otras cosas como la ansiedad, la falta de concentración o de sueño, etc. Por suerte, se puede tratar y llegar a superar.

La adicción al sexo se ha llamado de muchas maneras a lo largo de la historia (y de hecho, hasta a día de hoy conviven varios nombres). Algunos de ellos son: ninfomanía, hipersexualidad o satirisis. Todos estos nombres llevan al mismo problema: estar obsesionado por el sexo, querer hacer el amor continuamente, masturbarse mucho más de lo normal, consumir pornografía con cualquier medio (revistas, películas, etc.) Acaba por ser una obsesión compulsiva y, si no se trata a tiempo, puede resultar un verdadero problema para quien lo sufre.

No confundir

Es importante que no nos confundamos: una persona puede estar más “fogosa” en determinadas épocas de su vida, como por ejemplo cuando se es adolescente, cuando se empieza un nueva relación… o incluso cuando, después de un largo periodo de estrés o abstención (por motivos laborales o familiares) se vuelve al ataque. No, esto son hechos puntuales y no se trata en ningún caso de un trastorno. El problema es cuando esto va a más y queremos sexo si o si, sin importar nada de lo que pasa a nuestro alrededor: ver videos sin parar cuando se tienen obligaciones familiares y profesionales, querer sexo con una persona aunque ella no tenga muchas ganas, etc. Peor aún si hay dinero de por medio: contratación de servicios sexuales muy a menudo, pago por contenidos de Internet, etc.

Cuando el sexo se convierte en una obsesión nos afecta en todos los campos de nuestra vida, y se parece mucho a cualquier otra adicción. Tal y como opina el sexólogo Adrián Sapetti, los adictos al sexo tienden a realizar sus actos de forma muy mecánica, buscando siempre lo mismo: el placer inmediato. La idea es que cuanto más sexo mejor se encuentran, por lo que la falta de sexo puede provocar ansiedad y lo quieren solucionar con más sexo para poder sentirse mejor… lo que acaba convirtiéndose en un ruedo sin fin.

El temor a contarlo

Muchas personas que tienen este problema  no lo explican a nadie y se lo guardan para ellos. Esto es una mezcla entre el rubor de tener una adicción y el hecho de tenerla precisamente sobre temas sexuales. Cuesta mucho admitir que se tiene un problema así.

Aún así, es necesario que se sea consciente del problema y se busque ayuda tan pronto como se pueda: a veces se tarda tanto en admitirlo que el problema ya se ha hecho del todo evidente y ha habido incluso efectos negativos palpables.

Si notamos que tenemos algún tipo de síntoma en este sentido o sabemos de alguien que podría estar pasándole algo parecido, es necesario que hablemos con él o ella para mirar hasta qué punto se trata de algo puntual o bien empieza a ser un  problema de adicción. Si fuera el segundo caso, contar con la ayuda de un profesional nos puede ir bien, aunque lo más importante es también que se sienta acompañado y que no sienta vergüenza para explicar lo que le pasa. El sexo puede ser una gran cosa, los sabemos todos de sobra, pero se debe consumir con moderación (relativa) para poder disfrutarlo como se merece.

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