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Hasta hace poco era de bastante uso y conocimiento el concepto de “amigos con derecho a roce”. El término lo deja bien claro: dos personas son amigas pero tienen un acuerdo explícito y verbal para dejarse llevar en momentos de excitación sexual, basándose en una atracción física mutua, y actuar como lo haría una pareja… sin serlo. La definición parece bastante más complicada que el nombre, ¿verdad?

De hecho, la situación en sí también es bastante complicada, porque las relaciones humanas ya son de por sí suficientemente complejas como para que encima mezclemos al amistad con algo que por definición no entra en lo que solemos hacer con los amigos. Pero hay mucha gente que lo hace, y tiene suficiente fuerza de voluntad y carácter para mantener a raya el fantasma de los sentimientos. Al fin y al cabo, la frontera entre una bonita amistad entre dos personas que se consideran atractivas y la relación de pareja es muy difusa, y el peligro de confundirlo –peor aún, de que solo una de las dos personas lo confunda-, muy grande.

Los follamigos

Este derecho a roce es una forma de llamarlo, pero no es un derecho garantizado. Puede que una de las dos personas se canse, o encuentre pareja estable, o incluso puede que las dos personas se den cuenta de que el morbo que existía al principio y que las llevaba a hacer el amor desaparece y por lo tanto también el motivo por el que intimar más que con el resto de amistades.

Y luego está otro concepto, que se ha puesto de moda últimamente pero que existe desde hace muchísimo tiempo, como ocurre con la palabra “selfie” y la idea de hacerse fotos a uno mismo: los follamigos. En principio son personas que no son necesariamente amigas, pero que suelen quedar con el objetivo único de tener sexo.

Son parejas sexuales regulares, pero no exclusivas, y no siempre surgen de la misma manera: en unos casos se trata de rollos de una noche que han salido bien, pero que no van a derivar en una relación de pareja porque en teoría ninguno de los dos implicados lo desea tampoco. Aun así, el sexo les ha gustado y se intercambian los datos para poder recurrir al otro en el futuro y repetir si es que no se ha encontrado nada mejor. Dentro de esta variante también está la posibilidad de seguir quedando para hacer lo mismo, pero sin que sea “porque no se ha encontrado nada mejor”. Simplemente porque apetece con aquella persona.

La clave es que se trate de personas que no buscan una relación sentimental, sino simplemente aliviar una necesidad sexual más o menos frecuente y poder hacerlo con alguien de confianza sin entrar en complicaciones amorosas, compromisos, cenas con la familia del otro y actividades que corresponderían, en realidad, a un novio o una novia.

Otras veces el follamigo nace de un amigo reciente, un amigo de un amigo, un conocido incluso, con el que hay buen rollo y atracción pero que no vemos a menudo ni hemos trabado una amistad con él, así que se puede mantener con él una relación estrictamente sexual sin que nadie salga herido.

En estos casos también existe el peligro de salir herido, pero hay menos posibilidades: desde el principio se ha establecido que la relación es sexual y la vinculación afectiva es menor que en el caso de los amigos con derecho a roce. Aun así, ambos acuerdos pueden llegar a transformarse en una relación de pareja, claro está. Al fin y al cabo, como se suele decir, el roce hace el cariño.

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