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La figura de la escort, la prostituta de lujo, chica de compañía o call girl es incluso más interesante desde el punto de vista de la ficción –y la no ficción- que la de la prostituta común. Si bien esta última ha aparecido en multitud de series y películas, la de alto standing parece que tiene más éxito como subgénero, y recibe mejor trato por parte de los guionistas, que hacen que el público simpatice con estos personajes inolvidables.

Películas sobre escorts

En el cine ha habido muchos casos de personajes que se dedicaban a la prostitución de lujo, el más conocido de los cuales, sin lugar a dudas, el de Julia Roberts en Pretty Woman, de 1990, que se convirtió en la imagen por excelencia de la prostituta de cine gracias al gran éxito comercial que tuvo la película, al principio concebida como una historia sobre la prostitución en Los Angeles pero finalmente convertida en una de las comedias románticas más populares de la historia.

En este caso la protagonista, que era una prostituta de la calle, era contratada por un poderoso hombre de negocios, interpretado por Richard Gere, para que le acompañara a varios acontecimientos sociales, y por supuesto nacían los sentimientos entre ellos, con las complicaciones que conllevaba el hecho de que uno de los dos estuviera metido en la relación por dinero. Curiosamente en este caso se trataba de una prostituta “normal” convertida, sin quererlo, en escort.

En Chloe, de 2009, Amanda Seyfried interpretaba a una escort contratada por una mujer para seducir a su marido y demostrar, así, que era de naturaleza infiel. La cosa se complicaba en un thriller psicológico con situaciones rocambolescas que aun así podrían suceder en la vida real.

Call Girl, una película sueca de 2012, reproducía un escándalo real de prostitución en aquel país según el cual, en los años 70, varios políticos importantes de aquel país se vieron envueltos en un círculo de prostitución en el que también había chicas menores de edad.

Volvemos a Richard Gere porque en 1980 había protagonizado una famosa película sobre el tema, pero desde el punto de vista masculino: en American Gigoló hacía de escort masculino acusado de un asesinato que no había cometido.

No es la única película de escorts masculinos: en Servicio de Compañía, de 2001, Andy García es un escritor en horas bajas que se mete en una agencia de escorts y una de sus clientas resulta ser la mujer de un escritor muy importante, con quien el protagonista entabla amistad.

Un caso polémico es el de las geishas, sofisticadísimas artistas del entretenimiento tradicional japonés que desde Occidente se suelen ver, erróneamente, como prostitutas de lujo, es decir escorts, pero que en teoría y de forma oficial no llevan a cabo actos sexuales, sino que como mucho flirtean con los clientes como parte de sus funciones, y estos tampoco esperan que se llegue a materializar nada en este sentido. Aun así, hubo un tiempo en el que sí llevaban a cabo actos sexuales, y sobre las geishas ha habido muchas películas, una de las más famosas Memorias de una Geisha, de 2005.

Estos son solo unos ejemplos de lo que da de sí el mundo ya no de la prostitución, sino de las (y los) escorts, en la ficción. Y no pasa de moda, porque precisamente este 2015 se ha estrenado la película The Escort, en la que una chica de compañía algo insegura acepta que un chico en paro la siga como guardaespaldas aficionado para ir escribiendo su historia y conseguir con ella un nuevo trabajo de periodista. Por supuesto, tienen todas las papeletas para acabar confundiendo sentimientos, al fin y al cabo se trata de una película y hay que darle emoción al asunto.

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