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Esta es sin duda una de las preguntas que pasan más veces por la mente de la personas. ¿Cómo establecer límites sexuales sin quedar mal o dar a pensar que no tenemos ganas de pasarlo bien probando cosas nuevas? Ante todo queremos decir por delante de todo que cada uno es libre de hacer lo que quiera, que los límites los pone cada persona y que no te debes sentir mal por ello. Si no te apetece hacer determinada acción o juego, ¿porqué hacerlo? Ceder en algunas cosas puede estar bien porque también nos gusta que nos lo hagan a nosotros, pero de aquí muy diferente a tener que hacer cosas que hubiéramos jurado no hacer jamás. Y es por eso que conviene de vez en cuando marcar unos límites, y que tu pareja los conozca.

¿Por qué marcar límites?

  • Es importante que tu pareja los conozca: importante no, primordial. Los límites sexuales no afectan solamente a uno mismo, sino que también implican a la persona que tenemos al lado. Si por ejemplo no quieres practicar sexo anal (y ponemos este ejemplo porque es uno de los más típicos entre las mujeres), tu pareja debe saberlo. Tienes que decirlo y que él sepa que puede llegar hasta allí y no más. También es muy habitual en las parejas que se inician en el BDSM por ejemplo, ya que allí sí que se deben marcar muy bien los límites si no quieres acabar mal (y con dolor o alguna lesión inesperada).
  • Debes conocerte a ti mismo: los límites ayudan a conocernos mejor. Cuando tú decides que allí hay un límite es porque sabes perfectamente que lo que hay detrás te provoca rechazo. A veces nos sirven para saber el origen de miedos: pensad en alguno de vuestro límite sexual. ¿Por qué está allí el límite? ¿qué os impide ir más allá? Puede ser una cuestión de miedo al dolor, pero también puede ser un rechazo por la vergüenza de veros en determinadas situaciones, por repulsión o asco, etc. Algunos límites comunes, aparte del que hemos mencionado antes sería por ejemplo el de no tragarse el flujo vaginal o el semen, el no querer hacerlo con la luz abierta, etc. Evidentemente hay muchos tipos de límites, a muchos niveles.
  • Los límites pueden evolucionar y cambiar con el paso del tiempo. Y de hecho, es normal que lo hagan. Esto puede venir marcado por varios factores, como por ejemplo el crecimiento personal (cosas que a lo mejor antes no hubieras hecho y que ahora ves totalmente normales), el conocimiento de tu propio cuerpo, las distintas experiencias sexuales que hayas tenido, el grado de conocimiento y confianza que tengas con tu pareja, etc. Muchas veces se puede romper un límite con determinada persona porque confías en él o ella, pero sabes que para otras relaciones seguiría siendo un límite.
  • Ayuda a que conozcas mejor a la persona que está contigo. Hablar permite muchas cosas: si tú tienes límites, es posible que tu pareja también los tenga. Hablad de ello y compartidlos para saber hasta dónde podéis llegar en vuestra relación. Quizá descubráis que sois del todo incompatibles, pero lo más seguro es que lo que comprobéis es que todo el mundo siente miedo o rechazo hacia algunas cosas. No pasa nada, es del todo normal y humano.

Puede ser muy bonito romper límites juntos o descubrir que poco a poco se pueden llegar a hacer cosas que nunca antes hubierais pensado que haríais. Cada persona tiene su ritmo, así que no hay prisa, probad e id al ritmo que queráis, nadie os va a presionar por ello.

Si rompes un límite de forma voluntaria, es un momento que a menudo es muy especial. Das un paso más en tu interior pero además puede ser un regalo muy bonito para hacerle a la persona que amas. Si algún día te ves con ganas de ir más allá y sabes que a la otra persona le va hacer ilusión, ¡adelante! Eso sí: hazlo siempre porque tú te sientes preparado o preparada, nunca para forzar a que la otra persona este contenta, porque entonces a la larga te sentirías mal tú.

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