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Hay personas que solo con oír la palabra bondage se pueden asustar. Es una reacción normal, pero para nada justificada. Intentaremos en este artículo demostrar que solo se trata de una práctica sexual más y que se puede hacer a nuestro gusto, sintiéndonos cómodos en todo momento y sin pensar que estamos haciendo nada peligroso.

Cómo iniciarse en el bondage

En primer lugar, debemos definir su significado: bondage es atar, pero como en todo en este mundo, se puede hacer de mil formas diferentes ¡iniciarse en el bondage puede ser muy dulce!

De hecho, su inicial (B) es una de las que forman parte de las siglas BDSM, que como ya debéis saber son las que se usan para determinar las prácticas que se relacionan con el bondage (ataduras), dominación, sumisión y masoquismo. Cabe decir que en estos dos últimos años estas prácticas se ven con más buenos ojos gracias a las novelas eróticas que han ido saliendo, principalmente por la ya conocida obra “50 sombras de Grey”.

A vuestro ritmo

Practicar bondage con nuestra pareja puede ser un estímulo, ya que siempre puede ser positivo probar cosas nuevas que nos ayuden a mejorar nuestro día a día.

En el caso del bondage, debéis ser prudentes: una mala práctica o un movimiento que no toca puede provocar serias lesiones, y es mejor que esto no pase. Para ello os damos algunos consejos que podéis seguir:

Hablar un poco antes: os ayudará a pensar que queréis y cómo pensáis desarrollar la sesión. Es importante que los dos tengáis ganas de hacerlo y que la situación no cree ninguna incomodidad.
Estableced los roles: aunque podéis turnaros, lo más habitual es que uno de los dos tome el rol de atador y el otro el de atado. Esto suele ir con la personalidad de cada uno (hay personas más sumisas que otras y las hay más dominantes) pero todo es cuestión de hablarlo. También hay personas que en su día a día tienen un carácter más dominador (jefes de empresa, gente con grandes responsabilidades, etc.) que luego en la intimidad prefieren ceñirse a la obediencia y al dejarse hacer. ¡No hay nada malo en experimentar!
Establecer los materiales: el bondage se puede practicar con varios elementos diferentes. Cuando se es principiante, lo más normal es hacerlo con pañuelos de seda o con cuerdas que no aprieten mucho. Para iniciarse lo mejor es hacer nudos flojos, así se evitan tensiones, inseguridades o posibles accidentes. Tampoco es recomendable que se usen esposas si no se está habituado a ello.
• Buscad un entorno seguro y en el que os sintáis bien los dos. Por ejemplo, en vuestra habitación mismo. Si se quiere hacer una prueba más intensa o se quiere experimentar un poco más, debéis saber que existen muchas salas profesionales que se alquilan a aficionados: allí podréis encontrar espacios equipados con todo tipo de materiales, incluso elementos para la suspensión (no recomendable si no se domina, pues puede ser peligroso). Normalmente son salas que se alquilan por horas.
• Si no es tu pareja, vigila más: Si no tienes pareja y deseas iniciarte (o bien si quieres hacerlo con alguien que no sea tu pareja) solamente debes tener en cuenta que la seguridad personal es lo más importante: no hagas nada que no quieras hacer y no te sientas obligado. Estableced el nivel y, sobre todo, buscad una palabra de seguridad: estas palabras sirven para ser usadas en caso de que se llegue a determinado momento en que tengamos miedo o tengamos dolor.

Reglas más importante: sobre todo y por encima de todo: nada de alcohol ni drogas. Practicar bondage, así como cualquier otra práctica BDSM debe realizarse de forma totalmente consciente para correr el menor riesgo posible. La segunda regla más importante es la que nunca se debe dejar atada a una persona e irse del lugar: cuando se ejerce el rol de dominante se debe procurar el bien de la persona atada y si uno se marcha ni que sea un momento, podría haber alguna desgracia y lamentarlo de por vida. Pensad que si el piso hubiese un incendio o un escape de gas, la persona atada no podría pedir ayuda ni salir de allí.

Practicar bondage es un juego erótico, pero no debemos dejar que se nos escape de las manos. Ahora bien, no hace falta asustarse: si se practica bien puede ser una práctica erótica muy sensual que nos puede llevar a tener nuevas sensaciones y vivir nuevas experiencias sexuales.

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